Volver al inicio… Novedades Carlos Morales, autor de El Día D, vivió en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) una experiencia profundamente significativa al ser seleccionado en la categoría de autores autopublicados. Su participación no solo le permitió compartir su obra con un público diverso, sino también posicionarse dentro de un espacio que celebra la bibliodiversidad y la voz independiente en la literatura colombiana. La experiencia en la FILBo Selección oficial: El Día D fue una de las 50 obras escogidas entre más de 400 postulaciones para representar la literatura autopublicada en la FILBo 2026. La curaduría buscó reflejar diversidad de géneros, territorios y voces, garantizando paridad de género y pertinencia temática. Visibilidad cultural: Al estar en el pabellón de autores autopublicados, Morales pudo acercar su obra a lectores que buscan propuestas frescas y auténticas, fortaleciendo el ecosistema editorial independiente en Colombia. Encuentro con lectores: La feria le brindó un espacio de diálogo directo con el público, donde compartió reflexiones sobre la escritura como un proceso íntimo y resiliente, en línea con el mensaje central de su libro: transformar las adversidades en oportunidades de gratitud y renacimiento. El impacto de El Día D en este contexto Carlos Morales, autor de El Día D, vivió en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) una experiencia profundamente significativa al ser seleccionado en la categoría de autores autopublicados. Su participación no solo le permitió compartir su obra con un público diverso, sino también posicionarse dentro de un espacio que celebra la bibliodiversidad y la voz independiente en la literatura colombiana. Un relato personal y universal: El libro narra cómo cada persona enfrenta su propio “día D”, ese momento de crisis que redefine la vida. Morales convierte su experiencia en un testimonio que conecta con la memoria colectiva y las emociones de los lectores. Resonancia en la feria: En un evento que reúne a miles de visitantes, su obra se destacó por la sinceridad y la fuerza emocional con que aborda temas de familia, resiliencia y espiritualidad. Testimonios de lectores: Quienes han leído El Día D resaltan su capacidad de emocionar, provocar reflexión y generar empatía, cualidades que se potenciaron en la interacción directa durante la feria . Resumen… Carlos Morales, autor de El Día D, participó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026 dentro de la categoría de escritores autopublicados, un espacio que celebra la diversidad y autenticidad de la literatura independiente en Colombia. Su obra fue seleccionada entre más de 400 postulaciones, lo que le permitió compartir con los asistentes un relato íntimo y profundo sobre los momentos de crisis que transforman la vida. En el pabellón de autores autopublicados, Morales encontró un escenario ideal para dialogar con lectores y transmitir el mensaje central de su libro: la gratitud como camino para convertir las dificultades en nuevas oportunidades. La experiencia en la FILBo significó para Morales un reconocimiento a su voz literaria y un encuentro enriquecedor con la comunidad cultural del país. El Día D resonó entre los visitantes por su sinceridad y fuerza emocional, generando conversaciones sobre resiliencia, familia y espiritualidad. La feria no solo le permitió visibilizar su obra, sino también reafirmar el valor de la autopublicación como un medio legítimo y poderoso para conectar historias personales con las realidades colectivas de Colombia. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Pasajes del Libro
Volver al inicio… Pasajes del Libro Por último, digo, entonces compro un taxi, los transporto a ustedes y hago carreras, así como el abuelo”. Se quedó pensando y me dice: “No, Papá, porque si compras un taxi, dejamos sin trabajo al abuelo”. Se quedó callado y me dice: “Ya sé, papá, montamos una venta de guayos. De los niños salen las mejores palabras, expresiones y sentimientos, porque están recubiertos de su inocencia, desprovistos de intereses maliciosos, llenos de espontaneidad, ternura y amor. Haber experimentado estos momentos me infló el corazón y me encharcó los ojos al comprender cómo, al mirar las cosas con los ojos del corazón, alcanzan su verdadera dimensión.“Bajé por la rampa y, al cruzar la salida, miré por el retrovisor cómo la reja descendía lentamente, cómo se cierra el telón en la obra de teatro. Esperaba ver al menos una persona que estuviera en el andén, moviendo su brazo y esbozando una sonrisa dándome el último adiós”. Ante aquellas situaciones que de repente nos cambian la vida como el chasquido de los dedos y sentimos que se nos niebla el pensamiento, estamos ahogados con el fragor de la derrota y quisiéramos tener al menos un amigo que nos acompañara en esa despedida para no sentir que todo fue en vano. Estos sentimientos eran reales en aquel momento y, pensando en una canción del compositor Omar Geles titulada “Hoja en blanco”, una de sus estrofas dice: “Es triste ver que un tren se aleja y en él se va lo mejor de tu vida”; imaginándome ese tren partir sin una despedida fue la fuente de mi inspiración para este párrafo. “Cuando llegó la primera noche, no lograba dormir, tenía en mi cabeza imágenes y recuerdos, no lograba acallar mi mente y me preguntaba cómo fue esa noche para Ana. Terminaría por creerse las palabras del libreto de tanto repetirlas”.La voz de la conciencia, esa que nos habla cuando estamos ante los dilemas en la toma de decisiones, la que nos hace dudar, la que nos enciende esa chispa interior que nos puede o no dar la tranquilidad que necesitamos en nuestro diario vivir. Una conciencia tranquila es la mejor almohada para dormir; es una frase que también había leído, resonaba en mi cabeza y, después de repasar por varias noches buscando motivos, pude llegar a la conclusión de que desde el inicio la mía estaba tranquila; no tenía sentido desgastarme en buscar más explicación a lo que ya no era mi problema. Ya lo dijo Albert Einstein. “Preocúpate por tu conciencia más que por tu reputación; tu conciencia es lo que tú eres. Tu reputación es lo que otro piensa de ti y lo que otros piensan de ti no es tu problema”. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Conexiones
Volver al inicio… Conexiones La vida empezó por abrir puertas inesperadas: una tertulia literaria que nunca ocurrióterminó llevándome a un curso de lectura y escritura donde encontré un mentor que me ayudó en esos primeros pasos cuando estaba explorando en la escritura y, al leer esas primeras páginas que yo consideraba que estaban listas, pude entender que eran solo un borrador y el inicio de las versiones que seguiría ajustando. Literalmente, esa primera revisión me dejó en la página 1 reescribiendo el inicio de la historia. Aquí aprendí que una cosa era escribir como uno habla y otra muy distinta era darle vida a los pensamientos recuerdos con una estructura que lograra involucrar al lector en mi historia.Un día, haciendo una tarea con mi hijo Samuel, había que buscar una imagen deportiva y Samuel escogió un niño pateando el balón hacia una portería; en ese instante me imaginé esa misma figura con un portero y que las imágenes fueran los rostros de mis hijos. Por lo que decidí buscar un caricaturista al que le envié una foto de mis hijos montando en bicicleta y de ahí salieron las imágenes con un tema curioso. Samuel, quien es el menor, quedó dibujado con el uniforme del Real Madrid, pero es hincha del Barcelona y en su momento no me hizo buena cara, pero uno de sus ídolos es Kylian Mbappé, por lo que al final quedamos en un empate y le gustó la carátula.Al asistir a una terapia de Reiki con mi prima Sonia, detalle en su consultorio la imagen de unas alas colgadas en una pared instantáneamente asocie estas alas con el Balón de futbol y el significado literal y figurado de volar. Lo que hace un portero y lo que hace un escritor cuando le da rienda suelta a su imaginación. Estas alas completaron el diseño.Cuando algo nos golpea, sentimos que la vida se vuelve al revés; inicialmente negamos,cuestionamos, luego aceptamos y finalmente soltamos. Quería representar esa sensación y, leyendo un libro, me encontré una palabra con una letra al revés y de ahí surgió la idea de colocar la D en sentido contrario.En el camino de la escritura llegaron los libros y la lectura se volvió un acompañantediario, donde cada libro me mostraba cosas que me servían y me inspiraban para mihistoria.Luego llegaron las conversaciones con mis hijos; su reacción, su serenidad y ejemplo me mostraron un camino, al igual que los pensamientos cruzados con mi esposa, el hablar desde el inconsciente y entender las señales que el cuerpo me enviaba solicitando un cambio. Así mismo aprendí a confiar y recibir lo que el universo me estaba entregando.Una frase que resonaba con todo esto fue la que dijo Pierre Teilhard de Chardin.Filósofo y Sacerdote Jesuita Frances “No somos seres humanos con una experienciaespiritual, somos seres espirituales con una experiencia humana”.Uno de los aprendizajes al final de toda la escritura fue darle el valor al tiempo y soltar,porque cada que quería controlar algo, siempre salía algún imprevisto que en su momento cuestionaba, pero al final todo hacía parte del flujo perfecto de la vida.Solo aceptando valientemente la oscuridad podemos comprender y apreciar totalmente la luz, (Robert Schwartz). El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Cómo se Gestó el Libro
Volver al inicio… Cómo se Gestó el Libro Una noche, sin poder dormir, una voz interna me repetía: “Escribe tu historia”. Al díasiguiente abrí el computador y empecé a escribir; me sentía en otra dimensión, como si alguien más guiara mis manos y las palabras cobraran vida para mi historia. Cada recuerdo encajó como pieza de un rompecabezas que llevaba años esperando ser armado.Al inicio era solo copiar todo lo que recordaba sin importar el orden cronológico; meacordaba de cosas de la infancia y cosas actuales. Decidí continuar con mi rutina como si estuviera en el trabajo; me organizaba en las mañanas, dejaba a mi esposa en la oficina y continuaba para un centro comercial a una zona de coworking. Sentía que en ese ambiente donde había personas desarrollando sus propios negocios, algo de esa esfera de humo invisible de pensamientos por reflejo se me pegaría y me ayudaría en lamaterialización del libro.Cuando pasaba por las librerías en estos centros comerciales, empezaba a pensar quétan bueno sería tener algún día mi libro aquí expuesto y esto me hacía querer seguircopiando todo lo que llegaba a mi mente.En febrero de 2025, recibí la llamada del técnico del equipo donde jugaba mi hijo desdelos siete años: Me informa que ya no sería tenido en cuenta. Pensé en cómo darle la noticia. Mi mente elaboró escenarios, respuestas, miedos. Pero su reacción fue inspiradora: “Tranquilo, papá. Buscamos otro equipo.”En su momento no le había dado trascendencia a este proceso, que fue exactamente 15 días antes de mi día D, pero al final entendí que el proceso de mi hijo era el espejo que me había enviado el universo para que me pudiera reflejar en él y su proceso fuera parte de la inspiración para la historia. Con mi hijo menor también había pasado algo similar el año anterior, pero también eraotro hecho aislado en su momento, del que nunca esperé que estuviera relacionado enesa secuencia que solo el universo tiene para mostrarnos y sorprendernos. Aquí aprendí, como dijo Steve Jobs, que los puntos no se pueden atar mirando hacia adelante, solo se unen mirando hacia atrás. Cuando empecé a conectar todos los sucesos que habían antecedido mi día D, no solo lo más reciente, sino también toda la reconstrucción de mi historia familiar, me abrieron finalmente el camino para comenzar a escribir. Era como quitar un velo que no me dejaba ver lo que estaba preparado, descubrir unas capacidades que estaban ocultas, acercarme a la lectura de los libros que me sirvieron de fuente de inspiración. Para cada paso que daba, encontraba una guía, un espejo, una idea, cumpliéndose la frase de Joe Dispenza en su libro Deja de ser tú. Donde pones tu atención, pones tu energía. Así me pasó por el lapso de seis meses: todo llegaba en el momento preciso con la fuerza del corazón.Así surgieron las historias de mis hijos, los libros que me inspiraron, la música, lasanécdotas familiares, las conversaciones con amigos y ese hilo invisible —la chispadivina— que une todo lo que vivimos. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Fuentes de Inspiración
Volver al inicio… Fuentes de Inspiración El libro El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, llegó a mí en un momentooportuno. Su reflexión sobre el sufrimiento y la resiliencia me ayudó a entender mis propios “días D”: el servicio militar, la llegada del cáncer y, años después, nuevas pruebas que la vida puso en mi camino. Comprendí que esos golpes, lejos de quebrarme, me habían fortalecido y me preparaban para sobrellevar también el despido.Mientras escribía, descubrí conexiones invisibles: la música coincidía con mis emociones; las lecturas me servían de guía; las experiencias con mis hijos adquirían un nuevo significado y el amor de familia fue ese soporte silencioso pero fundamental que iluminó el camino en medio de la incertidumbre.El libro El cuerpo lleva la cuenta, e Bessel Van Der Kolk, me ayudó a descubrir en la época de la pandemia, las conexiones entre nuestros pensamientos y acciones en la vida diaria por la época de la pandemia, me ayudaría a descubrir las conexiones que tienen todos nuestros pensamientos y acciones de la vida diaria y cómo esa inteligencia superior, el conocimiento que viene de nuestros genes, y el cuerpo almacenan todo ese conocimiento, tiene formas de darnos esas señales para que nos alertemos y busquemos en la raíz de los problemas.Cuanto mayor es la duda, mayor es el despertar; cuanto menor es la duda, menor es eldespertar; sin duda, no hay despertar. CC Chang The Practice of Zen.Aprendí a descubrir que mi cuerpo me enviaba señales para hacer los cambios que desde lo consciente no quería hacer ó que, por estar envuelto en el círculo de la rutina diaria, estaba en modo automático, dándole prioridad a las cosas externas del mundo, del trabajo, la gente, los amigos, la familia. Ese afán que en ocasiones nos roba la energía de lo esencial, de lo interno, ese espacio que necesitamos para dar una mirada diferente y encontrarnos con nosotros mismos. Volver a renacer implica dar ese paso impensado que cotidianamente está rodeado de los momentos difíciles y se convierten en ese motivador que logra vencer esas luchas de las voces internas que escuchamos o nos contamos a nosotros mismos como excusas para no tomar la decisión. Los dolores de columna y en episodio de insomnio fueron las señales con las que aprendí a descubrir como verdaderamente el cuerpo lleva la cuenta.El libro El peligro de estar cuerda, de Rosa Montero, me permitió reflexionar sobre varios temas de mi proceso, entender la definición del yo como lo plantea Henri Michaux, pintor y poeta belga. El yo es un movimiento en el gentío, es un garabato fugaz, una estela de humo que va mudando; esto para entender todos los yoes que nos habitan y cómo, en mi caso, se muere o desaparece un yo que representaba mi rol, pero me quedaban muchos otros, así como las siete vidas del gato; me quedaban otras seis. También la forma magistral en que se habla de la teoría de la serialidad de Paul Kameer, que para mí cobró toda la relevancia porque, ante tantos hechos que marcaron mi proceso, me hicieron comprender que el universo ya tenía todo alineado porque sería imposible llamarlos mera casualidad.Finalmente, encontré una definición de la memoria que me resonó profundamente: “La memoria es pura fantasía, una narración que evoluciona con los años”. Por eso quise escribir mi historia, para no dejar que mis recuerdos se borren. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Lecciones de vida
Volver al inicio… Lecciones de Vida A los 8 años, el entrenador de la selección infantil de Cañasgordas me dijo: “A usted no le gusta el fútbol”. Con aquellas palabras sentí que me quitaban mi juguete favorito. Desde ese día entendí que la actitud no se negocia: como se entrena, se juega y que el compromiso define hasta dónde llegarás en todo lo que enfrentes en la vida.El primer día de servicio militar sentí que perdía mi identidad y el mundo que ya tenía preconcebido desapareció cuando nos bajamos del bus y estábamos dentro de las instalaciones de la brigada. No teníamos la más remota idea de lo que enfrentaríamos y cada evento del día estaba encaminado a darnos una pequeña cachetada, como si necesitáramos despertar de un sueño del que no queríamos salir, pero cada uno de los sentidos nos mostraba una señal de que todo había cambiado. Tuve que pasar la página al instante, adaptarme y confiar en que ese capítulo también tendría un final.Aprender a convivir con 120 personas en el alojamiento, hacer una formación en pelotones de 30 soldados, aprender a saludar, estar atento a todo lo que tenías a tu alrededor, atalajarse, tender un catre, armar un fusil, amarrar tus botas, sacarles brillo, llevar la cadencia en la marcha y muchas más. Me sentía en un curso acelerado; lo que normalmente tardaría un mes, en una semana ya lo teníamos interiorizado. Tan solo con 16 años, el proceso de convertirme en una persona adulta fue el curso de formación más rápido y valioso que he tenido en mi vida.En 2015 recibí la noticia de que tenía cáncer de tiroides. Fue un sacudón donde vi pasar mi vida por instantes con la nostalgia del pasado, la preocupación del presente y la incertidumbre del futuro. Aprendí a valorar el tiempo con mi familia y a darle un nuevo sentido a lo cotidiano. “Dios no muestra el destino sin antes mostrar el camino”.En el año 1979 recuerdo que me volaba para los charcos en Cisneros y pareciera que el destino tiene siempre una forma particular de darnos enseñanza; hay que caerse para aprender, reza un dicho popular. Así me paso un día cuando estando en esos charcos me corte un dedo y la experiencia de la sutura fue la lección que necesitaba para no volver a salir sin pedir permiso.En el colegio, la profesora nos manda a su casa a recoger las hojuelas y los bolis para la venta en los descansos. Nada venía contado y podíamos comer algo en el camino, pero gracias a la formación que aprendimos en casa, nunca quise traicionar esa confianza y al final siempre recibía la hojuela y dos bolis.Una mañana, por alguna discusión de niño, le derramé el aguapanela caliente a mi hermana Claudia y mi reacción fue volarme de la casa. A la hora ya estaba de regreso y mi padre me encierra en el baño todo el día; recuerdo que me pasaron el desayuno debajo de la puerta, el almuerzo y la cena. Ese puedo decir que fue mi primer momento de un espacio de soledad rodeado de 4 paredes, porque después de una hora ya había agotado todos mis juegos posibles con la imaginación. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados
Contexto histórico
Volver al inicio… Contexto Histórico La vida en los pueblos de los años 70 y 80 era tranquila. Los vecinos se conocían por su nombre y por su apodo; las calles eran nuestro territorio de aventuras: hacer mandados, montar en bicicleta, jugar al fútbol, ir al colegio, a la plaza de mercado y jugar por las calles. Para esta época no había lugar para el aburrimiento ni límites para nuestra imaginación a la hora de divertirnos.Estar en los charcos en Cisneros era una tarea diaria como si se tratase de una materia más del colegio; por la cercanía que tenía con el río, no faltaba el chapuzón y los miércoles era la fecha oficial para ir a los mejores charcos que estaban más alejados, como el azul o la tranquilidad, y en compañía de mis padres y sus amigos se convertía en el paseo de olla para preparar un delicioso sancocho y disfrutar todo el día. Montar en patines por las calles, jugar con una llanta y un palo rodándola por todo el pueblo, esperar la pasada del tren matutino que, a lo lejos, con un pequeño murmullo, empezaba a captar nuestra atención y al paso de un galope aumentaba su cadencia, mientras en esa misma fracción de tiempo nuestro rostro se ensanchaba junto con los ojos y una sonrisa de alegría nos unía como si recibiéramos un mismo regalo. Salir de caminata por la carrilera para llegar a las fincas de molienda y hacer lo que llamamos el calado: la melaza de jugos de la caña que pasaban de caldero en caldero; se depositaba en una olla a la que le agregamos bicarbonato, lo que hacía subir el líquido en espuma, que nos comíamos con quesito y parva; era una experiencia inolvidable. En Cañasgordas, jugar 8 desafíos diarios de futbol con los compañeros de la cuadra en las calles que eran empinadas, armando la portería con dos piedras en cada lado y dando rienda suelta a nuestros sueños de jugador, hacer esto incluso hasta las 10 de la noche, fue una de las cosas que nos permitía la vida de pueblo.Hacer las convivencias del colegio, donde caminábamos hasta las veredas cercanas todos con un fiambre y sentados en la manga a sentir ese olor a boñiga, tierra fresca, disfrutar del verde de los campos y la mezcla de sabores de lo que cada uno tenía en su hoja de viao, era estar hermados por un sentimiento de cercanía, sin distingos de ninguna condición social; la comida, se puede decir que nos igualaba. Salir de paseo en bicicleta por carreteras destapadas y trochas en los campos paraconquistar la cumbre de manglar nos hacía sentir como los escarabajos colombianos de las grandes vueltas Lucho Herrera y Fabio Parra. Iniciar el recorrido en descenso para el municipio de Uramita o Dabeiba y buscar los ríos para darnos el chapuzón, disfrutar luego del fiambre y emprender el regreso, todos encerrados en nuestro cuento, nuestra burbuja; éramos solo los amigos disfrutando de las vivencias; el pueblo era nuestro mundo adicionado con lo poco que pudiéramos ver de la televisión nacional. El Arte de Escribir 2026 Carlos Morales. Todos los derechos reservados