Pasajes del Libro

“Por último, digo, entonces compro un taxi, los transporto a ustedes y hago carreras, así como el abuelo". Se quedó pensando y me dice: “No, Papá, porque si compras un taxi, dejamos sin trabajo al abuelo”. Se quedó callado y me dice: “Ya sé, papá, montamos una venta de guayos.
De los niños salen las mejores palabras, expresiones y sentimientos, porque están
recubiertos de su inocencia, desprovistos de intereses maliciosos, llenos de
espontaneidad, ternura y amor. Haber experimentado estos momentos me infló el corazón y me encharcó los ojos al comprender cómo, al mirar las cosas con los ojos del corazón, alcanzan su verdadera dimensión.
Bajé por la rampa y, al cruzar la salida, miré por el retrovisor cómo la reja descendía
lentamente, como se cierra el telón en la obra de teatro. Esperaba ver al menos una
persona que estuviera en el andén, moviendo su brazo y esbozando una sonrisa
dándome el último adiós.
Ante aquellas situaciones que de repente nos cambian la vida como el chasquido de los dedos y sentimos que se nos niebla el pensamiento, estamos ahogados con el fragor de la derrota y quisiéramos tener al menos un amigo que nos acompañara en esa despedida para no sentir que todo fue en vano. Estos sentimientos eran reales en aquel momento y, pensando en una canción del compositor Omar Geles titulada “Hoja en blanco”, una de sus estrofas dice: “Es triste ver que un tren se aleja y en él se va lo mejor de tu vida”; imaginándome ese tren partir sin una despedida fue la fuente de mi inspiración para este párrafo.
Después de la llamada, mi cabeza era un balón de futbol“Por último, digo, entonces compro un taxi, los transporto a ustedes y hago carreras, así como el abuelo". Se quedó pensando y me dice: “No, Papá, porque si compras un taxi, dejamos sin trabajo al abuelo”. Se quedó callado y me dice: “Ya sé, papá, montamos una
venta de guayos.
De los niños salen las mejores palabras, expresiones y sentimientos, porque están
recubiertos de su inocencia, desprovistos de intereses maliciosos, llenos de
espontaneidad, ternura y amor. Haber experimentado estos momentos me infló el corazón y me encharcó los ojos al comprender cómo, al mirar las cosas con los ojos del corazón, alcanzan su verdadera dimensión.
Bajé por la rampa y, al cruzar la salida, miré por el retrovisor cómo la reja descendía
lentamente, como se cierra el telón en la obra de teatro. Esperaba ver al menos una
persona que estuviera en el andén, moviendo su brazo y esbozando una sonrisa
dándome el último adiós. Ante aquellas situaciones que de repente nos cambian la vida como el chasquido de los dedos y sentimos que se nos niebla el pensamiento, estamos ahogados con el fragor de la derrota y quisiéramos tener al menos un amigo que nos acompañara en esa despedida para no sentir que todo fue en vano. Estos sentimientos eran reales en aquel momento y, pensando en una canción del compositor Omar Geles titulada “Hoja en blanco”, una de sus estrofas dice: “Es triste ver que un tren se aleja y en él se va lo mejor de tu vida”; imaginándome ese tren partir sin una despedida fue la fuente de mi inspiración para este párrafo.
Después de la llamada, mi cabeza era un balón de futbol lleno de preocupaciones a punto de estallar.
Cuando llegó la primera noche, no lograba dormir, tenía en mi cabeza imágenes y
recuerdos, no lograba acallar mi mente y me preguntaba cómo fue esa noche para Ana.
Terminaría por creerse las palabras del libreto de tanto repetirlas”.
La voz de la conciencia, esa que nos habla cuando estamos ante los dilemas en la toma
de decisiones, la que nos hace dudar, la que nos enciende esa chispa interior que nos
puede o no dar la tranquilidad que necesitamos en nuestro diario vivir. Una conciencia
tranquila es la mejor almohada para dormir; es una frase que también había leído,
resonaba en mi cabeza y, después de repasar por varias noches buscando motivos, pude llegar a la conclusión de que desde el inicio la mía estaba tranquila; no tenía sentido desgastarme en buscar más explicación a lo que ya no era mi problema.
Ya lo dijo Albert Einstein. Preocúpate por tu conciencia más que por tu reputación; tu
conciencia es lo que tú eres. Tu reputación es lo que otro piensa de ti y lo que otros
piensan de ti no es tu problema. lleno de preocupaciones a punto de estallar.
Cuando llegó la primera noche, no lograba dormir, tenía en mi cabeza imágenes y
recuerdos, no lograba acallar mi mente y me preguntaba cómo fue esa noche para Ana.
Terminaría por creerse las palabras del libreto de tanto repetirlas”.
La voz de la conciencia, esa que nos habla cuando estamos ante los dilemas en la toma
de decisiones, la que nos hace dudar, la que nos enciende esa chispa interior que nos
puede o no dar la tranquilidad que necesitamos en nuestro diario vivir. Una conciencia
tranquila es la mejor almohada para dormir; es una frase que también había leído,
resonaba en mi cabeza y, después de repasar por varias noches buscando motivos, pude llegar a la conclusión de que desde el inicio la mía estaba tranquila; no tenía sentido desgastarme en buscar más explicación a lo que ya no era mi problema.
Ya lo dijo Albert Einstein. Preocúpate por tu conciencia más que por tu reputación; tu
conciencia es lo que tú eres. Tu reputación es lo que otro piensa de ti y lo que otros
piensan de ti no es tu problema.