La vida empezó a abrir puertas inesperadas: una tertulia literaria que nunca ocurrió
terminó llevándome a un curso de lectura y escritura donde encontré un mentor que me ayudó en esos primeros pasos cuando estaba explorando en la escritura y, al leer esas primeras páginas que yo consideraba que estaban listas, pude entender que eran solo un borrador y el inicio de las versiones que seguiría ajustando. Literalmente, esa primera revisión me dejó en la página 1 reescribiendo el inicio de la historia. Aquí aprendí que una cosa era escribir como uno habla y otra muy distinta era darle vida a los pensamientos recuerdos con una estructura que lograra involucrar al lector en mi historia.
Un día, haciendo una tarea con mi hijo Samuel, había que buscar una imagen deportiva y Samuel escogió un niño pateando el balón hacia una portería; en ese instante me imaginé esa misma figura con un portero y que las imágenes fueran los rostros de mis hijos. Por lo que decidí buscar un caricaturista al que le envié una foto de mis hijos montando en bicicleta y de ahí salieron las imágenes con un tema curioso. Samuel, quien es el menor, quedó dibujado con el uniforme del Real Madrid, pero es hincha del Barcelona y en su momento no me hizo buena cara, pero uno de sus ídolos es Kylian Mbappé, por lo que al final quedamos en un empate y le gustó la carátula.
Al asistir a una terapia de Reiki con mi prima Sonia, detalle en su consultorio la imagen de unas alas colgadas en una pared instantáneamente asocie estas alas con el Balón de futbol y el significado literal y figurado de volar. Lo que hace un portero y lo que hace un escritor cuando le da rienda suelta a su imaginación. Estas alas completaron el diseño.
Cuando algo nos golpea, sentimos que la vida se vuelve al revés; inicialmente negamos,
cuestionamos, luego aceptamos y finalmente soltamos. Quería representar esa sensación y, leyendo un libro, me encontré una palabra con una letra al revés y de ahí surgió la idea de colocar la D en sentido contrario.
En el camino de la escritura llegaron los libros y la lectura se volvió un acompañante
diario, donde cada libro me mostraba cosas que me servían y me inspiraban para mi
historia.
Luego llegaron las conversaciones con mis hijos; su reacción, su serenidad y ejemplo me mostraron un camino, al igual que los pensamientos cruzados con mi esposa, el hablar desde el inconsciente y entender las señales que el cuerpo me enviaba solicitando un cambio. Así mismo aprendí a confiar y recibir lo que el universo me estaba entregando.
Una frase que resonaba con todo esto fue la que dijo Pierre Teilhard de Chardin.
Filósofo y Sacerdote Jesuita Frances “No somos seres humanos con una experiencia
espiritual, somos seres espirituales con una experiencia humana”.
Uno de los aprendizajes al final de toda la escritura fue darle el valor al tiempo y soltar,
porque cada que quería controlar algo, siempre salía algún imprevisto que en su momento cuestionaba, pero al final todo hacía parte del flujo perfecto de la vida.
Solo aceptando valientemente la oscuridad podemos comprender y apreciar totalmente la luz.